Mejora la toma de decisiones, optimizando la comunicación corazón – cerebro

El cerebro es el centro neurálgico del cuerpo.

O eso pensamos …

Resulta que el órgano del corazón tiene mente propia. Hay investigaciones que muestran que el corazón no solo recibe órdenes del cerebro: la comunicación corazón-cerebro es una conversación dinámica y bidireccional.

Los científicos estaban interesados ​​principalmente en aprender cómo el corazón recibe señales del cerebro, pero luego descubrieron que el corazón tiene un sistema de comunicación complejo propio que envía más mensajes al cerebro que viceversa, y lo hace de cuatro maneras: a través de métodos de comunicación neurológicos (impulsos nerviosos), bioquímicos (hormonas), biofísicos (onda de pulso) y energéticos (campo electromagnético).

Además, en los años 60 y 70, los investigadores de psicofisiología observaron que el órgano del corazón se comunica con el cerebro de manera que afecta significativamente la forma en que un individuo percibe y reacciona al mundo. En los años 90, el neurocardiólogo pionero Dr. J. Andrew Armor acuñó el término “cerebro del corazón” para expresar cuán inteligente y comunicativo es el corazón.

La ponente de Vistage, Vered Kogan, alienta a los líderes empresariales a tomarse en serio esta ciencia. Si el órgano del corazón posee una inteligencia tan fantástica, ¿qué papel juega en la toma de decisiones?

“La mayoría de sus decisiones se toman a nivel del corazón, y luego las justifica con su cerebro de pensamiento lógico”, dice Kogan.

Los líderes empresariales pueden aprovechar la ciencia para mejorar su capacidad de toma de decisiones. Kogan dice que fortalecer la comunicación entre el corazón y la mente “te permite acceder a la inteligencia intuitiva para que puedas tomar decisiones con mayor claridad y certeza”.

Kogan sugiere que los líderes inicien una práctica diaria simple para comenzar a aprovechar el increíble poder del órgano del corazón para una mejor toma de decisiones. Al comienzo de cada día, los líderes deben tomarse unos momentos tranquilos y reflexivos para hacerse dos preguntas:

  • “¿Qué emoción estoy sintiendo ahora?”

Aviso: ¿Sientes estrés, preocupación o una sensación de tranquilidad o emoción? Tómate un momento para hacer una pausa y concentrarte en lo que siente al enfrentar el día que se avecina.

  • “¿Cómo me quiero sentir?”

Las personas desean sentir las emociones positivas: alegría, motivación, inspiración, gratitud, asombro, confianza.

Si lo que sientes no se alinea con lo que quieres sentir, concéntrate en una emoción positiva que prefieras y piensa en las cosas que te hacen sentir esa emoción. ¿Quieres sentirte inspirado? Busca en tu memoria los momentos en que te inspiraste, tal vez una película, un momento en la naturaleza, o un ponente que te aportó información. ¿Quieres sentir gratitud? Piensa en tres cosas por las que estás agradecido.

“Es importante establecer una intención clara sobre cómo te quieres sentir porque eso prepara a tu cerebro y cuerpo para que se sientan de esa manera”, dice Kogan. “Estas dos preguntas simples son tan poderosas para fortalecer la asociación entre el corazón y el cerebro para que pueda reconocer y cambiar las señales de estrés antes de que se vuelvan crónicas y afecten tu salud y decisiones”.

La ciencia revela que el corazón es más que una bomba mecánica. Es un órgano tan inteligente como el cerebro. Los líderes empresariales serían más sabios si valorasen cómo su estado emocional afecta su enfoque del día y a sus tomas de decisiones. Hacer esto, dice Kogan, “te permitirá ser más resistente, pensar más claramente, acceder a tu intuición y obtener mejores resultados”.

Este artículo se publicó primero en Vistage US. Puedes leer la versión en inglés aquí.